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27 Nov 2014

HABLEMOS DE UN EDIFICIO: El Mercat de Santa Caterina

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En el distrito de Ciutat Vella de Barcelona, en 1997, como parte de un plan para la recuperación del barrio, surge la necesidad de rehabilitar el antiguo mercado. El concurso es ganado por el estudio EMBT (Enric Miralles + Benedetta Tagliabue), acometiendo un proyecto cuyas pretensiones fueron: conseguir transformar en cierta manera el tejido urbano en el que se encuentra y que la nueva intervención se “mezclara y confundiese” con la estructura original preexistente.

La intervención incluye un espacio museístico de las ruinas encontradas durante la obra (Convento de Santa Caterina), y viviendas sociales para gente mayor. Intenta dar respuesta a varios aspectos urbanísticos del barrio. Haciendo incapié en la redistribución del espacio público como un espacio colectivo donde debe darse un equilibrio y una convivencia entre personas de tipologías muy diversas, en un lugar de callejuelas estrechas y sinuosas.

Las fachadas originales conservadas fueron elementos que debieron restaurarse, y suponen el punto de unión entre la nueva intervención y lo antiguo. La nueva cubierta no llega apoyarse en ningún punto en las antiguas fachadas, ya que no conserva ninguno de los apoyos originales. En su lugar, resta un espacio de cerramiento entre los dos elementos, fachada y cubierta, que será resuelto con piezas de madera que pretenden asemejarse a las antiguas cajas de madera usadas para transportar alimentos. Una parte de la fachada que da a la Avenida Francesc Cambó hubo de derribarse. La reconstrucción de esta parte se llevó a cabo de una forma diferente, girando cada uno de los balaustres para que quedara diferenciada de la balaustrada original.

El proyecto planteado por EMBT consta principalmente  de una gran cubierta, que envuelve la estructura preexistente, recogiéndola en su interior, y extendiéndose más allá de ésta. Esta cubierta fue diseñada como interpretación de una metáfora de una inmensa superficie coloreada por el recuerdo de frutas y verduras.

Con esta nueva cubierta, el proyecto pretende abrazar las preexistencias, eliminando la barrera entre antiguo/nuevo. Así, la intervención parece surgir del interior de lo existente, sobresaliendo y desbordándose, consiguiendo una relación entre ambos que difumina sus diferencias. 

La estructura del mercado está formada por una serie de bóvedas irregulares, que apoyan en vigas tridimensionales que recorren el edificio en su longitud, y apoyan en pilares de hormigón en sus extremos. Además, tres grandes arcos de acero recorren el edificio en dirección perpendicular a las vigas, con una luz de 42 metros, y las sujetan centralmente convirtiendo las anteriores vigas en triapoyadas.

Entre las vigas de acero se crea la forma de las bóvedas con correas de madera y entablillado también de madera como base a la terminación de la cubierta. En el interior se crea un espacio diáfano con carácter propio, que consigue servir de cubrición neutra y resalta el vacío que genera en su interior, que será habitado por los puestos del mercado. Sobre este armazón de madera se dispondrá la amalgama de piezas cerámicas de colores que conforman el mosaico final que da el aspecto resultante al edificio.

Sin embargo, muchas personas consideraron que la monumental cubierta proyectada ensombrecía las fachadas del antiguo mercado, considerando que se creaba en ese punto una discriminación en el respeto de la intervención por la preexistencia. Como es costumbre, el debate siempre estará servido. Y tú, ¿Crees que la intervención de EMBT consigue crear el conjunto homogéneo que plantea?