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21 May 2018

La gran desilusión de los certificados energéticos

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El negocio energético de los arquitectos: 45 millones por un certificado de 10 minutos.

La frase anterior corresponde al título de un articulo publicado en periódico de tirada nacional. En dicho artículo se hace un repaso de forma un tanto partidista e interesada sobre el dinero generado por lo certificados energéticos, dando a entender que los arquitectos e ingenieros cobramos los certificados energéticos a razón de 54€/h, o lo que es lo mismo 90€ por 10 minutos. En el artículo se omite, bien por ignorancia o bien por falta de interés periodístico, el desplazamiento del certificador a la vivienda, el tiempo invertido en realizar el certificado en el estudio y su correspondiente tramitación administrativa.

Para saber cómo hemos llegado a esto, no hace falta volver la mirada muchos años atrás, unos 4 o 5 años, cuando en plena crisis económica, el gobierno daba luz verde a la ley de certificación energética para edificios, viviendas y locales comerciales, de cara a dar un paso más hacia la famosa o no tan famosa estrategia europea 2020, en la que recordemos, los países miembros deben reducir en un 20% las emisiones de gases de efecto invernadero e incrementar 20% el uso de energías renovables y aumentar un 20% la eficiencia energías de los edificios, y no, no parece que a día de hoy vayamos a lograr dicho objetivo para el año 2020.

Ante la falta de oportunidades del mercado laboral, los arquitectos y aparejadores nos lanzamos a hacer cursos muy sobre valorados de certificación energética (aunque aquí lo ofrecemos gratis), y que ahora podemos encontrarlos a precios 3 o 4 veces más bajos que su precios originales, pensando que se habría un nuevo nicho de mercado del que todos queríamos coger un trozo de pastel.

La realidad fue muy diferente a la que muchos imaginamos, mientras algunos intentábamos hacer correctamente nuestro trabajo invirtiendo el tiempo que fuese necesario, grandes multinacionales ofrecían, y ofrecen, certificados energéticos por 30-50€, lo que provocó que los pequeños estudios y autónomos se tuvieran que adaptar al nuevo panorama bajando sus precios e invirtiendo menos tiempo en hacer su trabajo para intentar sacar algo de beneficio.

Pero… ¿Quién tiene la culpa de la mala prensa de los certificados energéticos? ¿Los arquitectos? ¿El estado? ¿Los clientes?

Tanto arquitectos e ingenieros, como el estados y los clientes son los culpables del que el certificado energético no tenga la importancia que debiese tener. Todos tenemos nuestra parte de culpa.

Por parte del estado, los gobiernos no han promocionado de ninguna forma la certificación energética. No se le ha educado a la población para que conozcan el por qué y para qué son importantes los certificados, es más, a día de hoy todavía hay gente que desconoce que las viviendas que vayan a ser alquiladas necesitan una certificación energética. A todo eso hay que añadirle el programa creado para dicho empeño, tanto CE3X como la herramienta unificada LIDER-CALENER dejan mucho que desear, la primera de esta te permite incluso hacer un certificado sin necesidad pisar la vivienda o local, simplemente dejando las características por defecto, y esto va en detrimento servicio (ahí tienes los certificado de 50€ y la mala prensa).

Luego estamos los arquitectos e ingenieros, que hemos desprestigiado nuestro trabajo. Puedo entender que nos hayamos visto llevado por la corriente del mercado, pero ahí radica la profesionalidad de cada uno y hasta donde estamos dispuesto a llegar por hacer un trabajo. Las tres B (Bueno, bonito y barato) no existen, y si hemos bajado los precios ha sido en deterioro de la calidad del servicio.

Por último nos encontramos con quién quizás sea el agente fundamental de todo esto, el cliente. A día de hoy entienden el certificado energético como un impuesto, y no como un activo de la vivienda, y por ello se busca el precio más barato. Al fin y al cabo vivimos en una economía de mercado, mientras el cliente busque el bajo precio frente a la calidad del servicio, esto será lo que se le ofrecerá.

En definitiva, hasta que el conjunto de la sociedad no entienda que es mejor por ejemplo, alquilar un vivienda con categoría B a 700€ que una vivienda con contagiaría E a 600€ nada cambiará. Hasta que no se incluya la calificación energético como uno de los filtros de búsqueda en los portales de búsqueda de vivienda, nada cambiará.